Crónica de una chofer acosada

Verónica llegó al oficio de chofer de Uber por necesidad, lo reconoce como una salida laboral rápida y con libertades horarias aunque implique riesgos. Aquí nos cuenta la experiencia que la llevó a temer por su vida. 

“Dudé. No sabía si tenía un cuchillo o si estaba armado, no sabía qué hacer. Se puso agresivo y me pidió que siguiera manejando”, recuerda la chofer de Uber Verónica Tutaglio, sobre el “aterrador episodio” vivido con un pasajero.

Eran casi las once de la noche de un sábado cuando Verónica levantó a un pasajero en la localidad bonaerense de San Miguel. El hombre quiso viajar adelante en el lugar del acompañante y ella accedió. Inició el sistema desde su celular y apareció la ruta marcada en la pantalla. Era un viaje de quince minutos. Debía llevarlo al centro de esa misma localidad.

No había mucho tráfico, hacía frío y en el interior del auto ninguno de los dos hablaba. El hombre, “morrudo y de unos cincuenta años”, sacó el celular de su bolsillo y se puso a escribir. Andrea siguió ese movimiento con la mirada, pero no quitó su atención del camino. El silencio se cortó cuando el celular de la conductora de repente vibró.

Verónica había recibido un mensaje de su pasajero desde el servicio de chat de Uber. “Respiré profundo. De golpe sentí fuego en el pecho”, recuerda con la voz tapada de angustia. Hizo de cuenta no haber escuchado nada y siguió manejando.

No dejó de mirar el camino, su cabeza “giraba a dos mil por hora, no sabía qué pensar o si estaba exagerando al creer mal del pasajero”. El acompañante volvió a agarrar su teléfono. Verónica apretó fuerte el volante.

Otra vez una interacción se sobrepone al recorrido del GPS y antes de que se ocultara el mensaje Verónica llegó a leer: “En el semáforo doblá a la derecha”. Ella volvió a respirar profundo. Lo miró a los ojos. Le aclaró que estaba obligada a seguir el recorrido que marcaba el sistema.

“Me tembló todo el cuerpo, pero hice coraje, sentí que no le tenía que demostrar miedo y tampoco quería ponerlo nervioso”, reconoce la conductora recordando que utilizó un tono “amigable” para que la situación no se saliera de control.

 “¿Tenés novio? ¿Por qué no seguís el camino que te digo?”, le preguntó él con una sonrisa burlona. Verónica perdió el control de sus emociones y entró en pánico. “De un volantazo estacioné en una parada de bondis, había unas siete personas que se asustaron, obvio. Bajé del auto corriendo a los gritos y les pedí que me ayudaran”, recuerda.

El pasajero bajó detrás de ella con la intención de agredirla y “gracias a Dios” dos hombres que estaban ahí le impidieron el paso. El agresor salió corriendo en dirección a las vías del tren y luego de diez minutos empezó a acosarla con “mensajes obscenos”.

La memoria emotiva la alcanza. Verónica empieza a hablar cortajeado y finaliza el relato: “Apagué el teléfono, dejé el auto ahí nomás y me fuí a una estación de servicio donde lloré como loca por más de una hora”. Reconoce que en un principio le sirvió de mucho porque estaba desempleada pero que ya no trabajaría más en Uber si pudiera.

En la actualidad consiguió un cargo de medio día como auxiliar en una escuela de la ciudad de Polvorines y se dedica a las dos cosas. “Aún no puedo dejar de trabajar en Uber porque me ayuda a tener dinero en el momento, me saca de apuros y me ayuda a costear deudas que vengo arrastrando de cuando no tenía laburo”, lamenta.

En un principio le alcanzaba para vivir el día a día solo trabajando en Uber pero ahora, “con el aumento de la desocupación y con los pocos requisitos que pide la empresa está lleno de choferes y es más complicado agarrar clientes tan seguido”.

Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) sobre el primer trimestre de 2019, en Argentina la desocupación llegó a 10,1 por ciento y este número no alcanzaba las dos cifras desde el año 2006. Los casi dos millones de desocupados en el país avalan la teoría de Verónica.

“Conozco a muchas mujeres que trabajan en esto y la mayoría además de Uber tienen otro laburo porque la guita no alcanza y varias son solas”, dice Verónica haciendo referencia a sus colegas de las cuales muchas trabajan por hora en casas de familia.

De acuerdo con más datos del INDEC, el impacto de la desocupación ya viene afectando fuertemente al sector femenino desde el cuarto trimestre de 2018. “Muchas siguen con Uber para salir adelante, abastecer a sus familias y alimentar a sus criaturas”, defiende la conductora.

Más allá de la desocupación las mujeres se sienten seguras siendo transportadas por otra mujer y Verónica se siente mucho más tranquila llevando a las de su mismo sexo. “Hay pasajeras que me dicen que se sienten muy cómodas conmigo y me dicen que ojalá hubiese más mujeres manejando. Hasta se maquillan y se cambian de ropa en mi auto”, cuenta, ríe y agrega: “Me encantaría ser chofer solo de mujeres porque estaría siempre cómoda y las pasajeras también lo estarían”.

Lo que plantea Verónica, la brecha de género tras el volante y la necesidad de generar seguridad a las pasajeras es un tema que sobrepasa las fronteras de nuestro país. En la ciudad de Piura, Perú, un grupo de cinco estudiantes universitarias creó un servicio de taxi llamado Her Taxi.

Se trata de una aplicación, igual que la de Uber, pero que solo se dedica a transportar a pasajeras femeninas. “No existe una relación de conductora-pasajera sino de mujer-mujer”, explica a La Mirada de Diego la peruana Evelyn Rijalba, una de las creadoras de esta app.

“Her Taxi nace por la necesidad de contrarrestar la problemática de violencia contra las mujeres y para brindar una nueva oportunidad laboral a ellas”, cuenta Evelyn y asegura que uno de sus objetivos es “brindar una nueva opción para aquellas que no se sienten seguras viajando en un taxi tradicional”.  Su emprendimiento ya cuenta con más de cien conductoras y sigue creciendo.

A través de esta crónica se intenta dar voz a todas las mujeres del mundo que, como Verónica Tutagio, salen a enfrentar la vida sabiendo que aún se las vulnera, reduce y humilla.

Entrevista narrativa, por Diego Pacheco

2 comentarios en “Crónica de una chofer acosada”

  1. soy mujer, instaladora eléctrica y sanitaria, sé lo que es la discriminación y sé lo que es que las mujeres que viven solas en su casa tengan terror cada vez que algo se les rompe y necesitan un técnico, yo he ido a casas en donde voy por un tomacorrientes y termino colocando cortinas, pintando, colgando cuadros, etc. me encantò la nota, pichòn, abrazo desde MOntevideo!!

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