Aprender a compartir el viento (cuento infantil)

En un barrio donde el cielo parecía más grande que en ningún otro lugar, vivía Juli, un niño que amaba los barriletes.

Tenía varios. Uno era rojo como los corazones, otro azul como los sueños y uno multicolor, que era su favorito porque decía que tenía todos los colores del mundo. Cada domingo, su abuelo lo llevaba al parque para remontar uno distinto.

Pero lo que más le gustaba a Juli no era hacerlo volar, sino cuando veía que otros chicos y grandes también lo hacían a su alrededor.

En esos momentos, el cielo se llenaba de líneas que cruzaban de punta a punta, como si todos estuvieran escribiendo un cuento invisible en el cielo.

Una tarde, Juli notó que una niña lo miraba desde lejos. Ella no tenía barrilete, entonces le ofreció el suyo y, sin decir mucho, ambos compartieron la cuerda. No necesitaban hablar: estaban conectados por el movimiento.

Todos en el parque los vieron y se contagiaron de su alegría. Empezaron a imitarlos, compartiendo sus cuerdas con desconocidos.

Esa tarde, Juli entendió que remontar un barrilete ya no era solo un juego sino una excusa para mirar hacia arriba, reír con otros y compartir.

Desde entonces, cada vez que se acercaba el domingo, ya no pensaba en qué tan alto lo haría volar, sino en a quién invitaría a sujetar su cuerda. Comprendió que, más importante que conseguir altura, es aprender a compartir el viento.

FIN

Por Diego Pacheco.

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